Una mañana mas sobre la pista humeda de la General Paz. Trafico constante pero fluido. Niebla sobre la Capital Federal. La FM balbucea estupideces, a esa hora todo el mundo balbucea. En medio de la modorra matinal evaluamos con amargura que por delante se avecina un largo dia de tedio vital, de trabajo asalariado. Y nos ponemos a pensar que el gran problema del Capitalismo no reside en su rapacidad, en la mediocridad que encumbra ni en la locura circular que genera. Su problema principal es el embole y amodorramiento intelectual que genera. Todos los dias la misma historia.
Pensando en estas cosas y abandonados a la resignacion mas perruna notamos, en una ojeada fugaz al retrovisor, que por una de las subidas asoma la inconfundible trompa de ese legendario automovil de bajo consumo, nave insignia del raton nacional: El Renault 12.Enseguida nos percatamos que al volante esta El, con su inconfundible estilo: Se acomoda en la primer fila de automoviles de manera prepotente; haciendo luces y sin dar mucho tiempo al normal desenvolvimiento de la accion. El tipo la apresura, la fuerza. Sus luces, que parpadean histericas para calmar su ansiedad y mal humor, solo funcionan a medias. Solo la de la izquierda, las bajas. La derecha es un agujero negro de chapones retorcidos y cables enmarañados sin sentido. El paragolpes, que antaño fuese cromado, hoy luce apolillado por el oxido de una ejercitada indolencia. Tambalea atado como un matambre a los paneles de una carroceria ya saturada en golpes y arañazos criminales. Las puertas laterales apenas cierran y sus diferentes colores botonean su origen "desarmaderil". Los espejos laterales se sostienen con el esfuerzo de cintas adhesivas yuxtapuestas y a la derecha ni siquiera hay espejo.Pero el Renoletero avanza a paso redoblado y hace mucho que ya nada le importa. Quiere gloria y venganza a cualquier precio. Se siente un Moises del asfalto y se abre paso con malos modales. Con temerarias maniobras, dignas de un hombre-bomba, logra ubicarse en el segundo carril, ajeno a los insultos que cosecha en su marcha bravucona. Cuando acelera, el automovil, flojo por donde se lo mire, rechina como un cerdo con los huevos en una morsa, mientras el, con crueldad de petulante, pisa el pedal pidiendo lo imposible: los 80 kilometros por hora. Tiene el tercer carril como capricho inmediato.Su estupidez, que de tan planeada se ha vuelto inteligente (en el sentido biologico del termino), lo fuerza a interponerse a un camion 710 en busca de un recoveco desde donde dar el ansiado zarpazo hasta el carril de sus sueños; su maniobra no prospera y termina tocando el freno sobre el pavimento resbaladizo. Aqui descubrimos enredados en maldiciones varias, que el Renoletero no juzga conveniente poseer luces de "stop": aquel que circule detras debera ser un intuitivo o enfrentar la chance de inmolarse contra las garrafas de GNC que carga en su baul y con las que planea recorrer el mundo por 18 pesos. Las llantas ya olvidaron los dibujos que le permitian sortear las lluvias y hasta dejan ver el tramado de alambres que le dan forma y la mantienen con vida y rodando. El chasis es un flan y pierde gases por cientos de orificios que decoran su recorrido. Los vidrios estan; pero el parabrisas luce astillado y la luneta repleta de calcomanias, sin mencionar que una ventanilla lateral ha sido remplazada por un pedazo de nailon emparchado con cinta.El Renoletero esta en tinieblas, y no le preocupa. Entre los adhesivos traseros resaltan la Iglesia Evangelica a donde asiste con "la bruja y las nenas", la pipa de Nike que lo perfuma con ese tufillo a fiera urbana tan cara a la marca de la pipa, y la publicidad de un Telo de la zona Oeste para dejar bien en claro que el "coje".El Renoletero, sabiendose sin seguro ni patentes ni verguenza, ahora hostiga a un semi-acoplado que intenta maniobrar para salirse de la ruta lentamente, de manera segura y previsible. Tras una rafaga de bocineo inutil y ofensivo, alcanza finalmente, el ansiado tercer carril. Entusiasmado por el exito y la falta de castigos a su desfachatez, acelera a 80 kilometros por hora. El auto comienza a correr serios riesgos de desintegrarse ahi nomas, pero el sonrie socarron, por los boludos que deja atras, por los que vendran, y por los de siempre.Ya lo tenemos a nuestro lado, podemos verlo con mayor exactitud. Ese semblante rufianesco, esa mirada de perro ladino. Gorrita de beisbol y ropa "canchera" y elegante. Pucheli y aire de guapo.El interior de su Renoleta se ve devastado. El cuero que cubria el panel instrumental esta completamente desgarrado por tardes de chicharras secas a la intemperie y nunca una mano de lubricante; profundas grietas resecas lo cortan de lado a lado. Un perrito simpatico que mueve su cabeza al son del traqueteo de los amortiguadores desvencijados, sonrie sobre la guantera sin tapa.Sin embargo El Renoletero ama los detalles, "el tuning". Es es un detallista pursang. Su personalidad avasallante y tan poco comun le impulsa a llenarse de baratijas adquiridas en los semaforos. Asiento anti-stress elaborado con pequeñas pelotitas de madera que le masajean el espinazo. fundas que cubren, seguramente, la goma espuma ya en carne viva de las butacas. El volante, de competicion, posee un "grip" de plastico para lograr mayor adherencia en maniobras de alto riesgo, a pesar que la direccion, por falta de mantenimiento, se mueve hacia todos lados y doblar bruscamente puede significar amasijarse contra un poste de luz. Varios relojes adornan los alrededores del tablero para tener todo bajo control: cuenta vueltas, "tacometros", medidores de presiones varias, parafernalia de F1 en un auto que apenas se arrastra por las calles. Sobre el baul, y porque se dice conocedor sobre normas aero-dinamicas, le ha puesto un "aleron", temeroso que las super-sonicas velocidades que desarrolla sobre el asfalto lo arrojen al precipicio en alguna curva traicionera.El Renoletero mira con desden y acelera a 90. Se cruza de carril y se monta, con lujuria de raton, al cuarto carril: la via rapida. El carril de los Mercedez Benz, los Audis, los Alfa Romeos; la senda de los exitosos.Pero el Renoletero, que se sabe un estorbo y lo disfruta, comienza a taponar el transito. Se forma una fila creciente a sus espaldas. Entorpeciendo la natural jerarquia que establecen los motores, se caga en todo y en todos mientras saborea su pequeña victoria. No atina a moverse. Le hacen luces, le tocan bocina, lo sobrepasan por la izquierda a toda velocidad y en modalidad "pelagatos". El esta conduciendo dentro de las "velocidades permitidas por ley" asi que ni se inmuta, sube la radio y mantiene su motor al borde del suicidio.Los boludos que sigan tocando bocina.
"Nuestra imperiosa necesidad de hallar nexos causales se conforma con que cada proceso tenga una causa "demostrable", pero en la realidad exterior dificilmente suceda tal cosa pues cada fenomeno parece estar mas bien sobredeterminado, presentandose como efecto de multiples causas convergentes.
Intimidado ante la insuperable complejidad del suceder, nuestro conocimiento opta por un nexo determinado, en contra de otro, establece contradicciones inexistentes, solo debidas a la arbitraria destruccion de relaciones mas amplias".
- Sigmund Freud.
"Solo una cosa es imposible en todas las cosas: racionalidad".
- Friedrich Nietzsche.
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Cada uno, con su estilo, buscan decir lo mismo: "no le des vuelta al tema porque no hay caso".
No se trata de que el hombre-masa sea tonto. Por el contrario, el actual es más listo, tiene más capacidad intelectiva que el de ninguna otra época. Pero esa capacidad no le sirve de nada; en rigor, la vaga sensación de poseerla le sirve sólo para cerrarse más en si y no usarla. De una vez para siempre consagra el surtidor de tópicos, prejuicios, cabos de ideas o, simplemente, vocablos hueros que el azar ha amontonado en su interior, y con una audacia que sólo por la ingenuidad se explica, los impondrá dondequiera. Esto es lo que en el primer capítulo enunciaba yo como característico en nuestra época: no que el vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, sino que el vulgar proclame e imponga el derecho de la vulgaridad o la vulgaridad como un derecho.
- Jose Ortega y Gasset.
El tipo se levanta con el peso de la muerte en sus rodillas. La tanda de penales ha finalizado. Argentina, afuera.
Apaga la Tv y se acerca hasta su pequeño hijo que luce desconsolado. Es medio tonto segun la maestra pero estaba ilusionadisimo. De celeste y blanco de pies a cabeza. Comienza a llorar escondido entre sus manos. Su padre trata de levantar su animo abrazandolo suavemente pero esto solo logra que el llanto levante mas vuelo aun. Con sonrisas lejanas, traspasa la tarea de contener al pequeño a su señora esposa: el pibe ya le rompe las pelotas de tanto lloriqueo. El tambien tiene lo suyo.
Ya esta medio viejo y la panza le cuelga flacida sobre el cinturon. Pertenece a un segmento social conocido como "la clase media baja". Una franja poblacional de la Nacion que, de permitirse una semana de vagancia, moriria de hambre. El trabajo los apremia, la desocupacion tambien. Su futuro no pasa del fin de semana que viene.
Dia tras dia, hora por hora, año tras año. Trabajo y sueño reparador. Sueño reparador y mas trabajo.
Pero su capacidad de ahorro, o su capacidad para vivir, mirar television, y nada mas, habian sedimentado una pequeña suma de dinero que aseguraba el bienestar de su familia ante posibles turbulencias sociales y financieras.
No era mucho, eran 10.000 pesos. Esos ahorros en realidad representaban la cantidad de tiempo con la que contaria de presentarse problemas. Ante todo el estudio y la formacion de su pequeño hijo. Para Omarcito soñaba un mañana con mayor holgura.
Pero la calentura. El 6-0 contra los Serbios. El toque, "la nuestra", la felicidad. Ese panfleto asesino. No lo pudo soportar, la euforia lo desbordo. Saborear la victoria en un 20 pulgadas con un tubo quemado era una injusticia. Alguna vez se la tenia que jugar.
Se compro el plasma. Lo colgo en la sala junto a los retratos de la abuela y los platos ornamentales de su provincia natal; Pontevedra. Dejo 9500 pesos al contado y prometio pagar muchisimas cuotas con tal de ver a la Seleccion jugando con "la nuestra" en un televisor como la gente. Ahora si veia las cosas con claridad. El nene estaba chocho y su esposa, como de costumbre, no preguntaba nada. Si el nene estaba contento, ella tambien. Despues de todo la maestra seguia diciendo que era medio lelo, y por ahi, esta alegria le aligeraba la pensadera.
El nene seguia llorando en la sala, junto a los retratos de la abuela. Su madre trataba de consolarlo pero se sentia tan triste que comenzo a llorar al unisono.
Papa se refugio en su habitacion y abrio un cajon con lentitud. De alli extrajo una boleta. La de la casa de electrodomesticos. La del Plasma.
Leyo "Cuota 3 de 450".
Y tambien se largo a llorar.
